Creo que nuestra vida diaria está
totalmente impregnada de ética y que cada decisión que nosotros tomamos a cada
momento tiene una gran influencia de esta ética. Es muy posible que una
decisión por nuestra parte puede afectar a numerosas personas de nuestro
entorno personal y laboral. Por lo tanto, debemos ser muy condescendientes con
nuestros actos.
En general, partimos de una ética
cívica que engloba una ética profesional, la cual es específica de cada gremio
o sector profesional. Sin embargo, creo que la ética cívica al ser más global
es “conocida” por casi toda la humanidad con una serie de valores que “casi”
toda la población mundial conoce. Mientras que la ética profesional, la cual
atañe a un reducido número de personas no es tan conocida, como por ejemplo, en
la Universidad de Murcia. De hecho, hasta hace poco desconocía la existencia de
un Código Ético de la Universidad de Murcia. El cual y bajo mi punto de vista
debería tener una mayor difusión entre nuestra comunidad universitaria, ya que
queramos o no, forma parte de nuestro día a día y de todas las decisiones que
tomamos, independientemente del grupo al que pertenezcamos (PDI, PAS, alumnos,
etc.).
Otro aspecto que he descubierto recientemente
y que me parece bastante interesante ha sido conocer y diferenciar los bienes
internos y externos de cada profesión, principalmente la que yo ejerzo. Nunca
me lo había planteado y diferenciado de eso modo. Como profesionales, nuestro
principal objetivo son los bienes internos aunque obviamente necesitamos de los
bienes externos. Y para llevar acabo los bienes internos, la motivación es
esencial. Sin embargo, la motivación nos la tenemos que buscar cada uno para poder
realizar nuestra labor de la mejor forma posible y si alguna vez perdiéramos
esa motivación, tendríamos que enmendarlo y solucionarlo con ayuda de otros
compañeros o profesionales. Desafortunadamente, todos tenemos compañeros que
han perdido esa motivación y que sabemos que no están desarrollando su trabajo
o competencias de la mejor manera posible y no debemos permitirlo de ninguna de
las maneras. Si fuera necesario, yo creo que sería capaz de ayudar a esos
compañero desmotivados y volver a motivarlos, simplemente se tienen que dejar
ayudar, cosa que no ocurre siempre. Creo que muchos docentes y alumnos de la
UMU no son conscientes de la “suerte” que tienen de estar aquí. En el caso de
los alumnos, creo que tienen un concepto de respeto por los bienes públicos muy
bajo y no valoran lo que la UMU les facilita y el gasto que eso supone para la
universidad. De forma similar sucede para los docentes, deberíamos de estar
orgullosos de ser vehículos de transmisión de la información. Tenemos que ser
conscientes y condescendientes de la responsabilidad que poseemos a la hora de
ejercer nuestra profesión. De este modo, nosotros no podemos alterar la información
transmitida ni imponer nuestra opinión o pensamiento sobre los temas tratados
en clase. Tienen que ser los propios alumnos que creen su corriente de
pensamiento de forma libre y en función de la información que posean y la
cultura que atesoren.
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